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Es algo inherente al periodo estival. Las últimas semanas han llegado a mis oídos algunas conversaciones espontáneas que se paseaban por la calle, en el autobús, en el parque, por el barrio, y he podido comprobar que siempre hay alguien dispuesto a renunciar voluntariamente a irse de vacaciones y a lamentarse por ello. Una renuncia y un lamento que se convierten en un modo de vida y que no dejan de ser, al mismo tiempo, los despojos de una lucha obcecada por la defensa de lo que considera su identidad, su puesto en la pequeña sociedad de familiares, amigos y vecinos, en la que convive. Es el tipo de persona que como que no quiere la cosa te suelta algo del tipo vaya fastidio, este es el tercer año que no salgo de aquí, con esto de la crisis no hay manera. Y entonces te percatas de que el menda va de punta en blanco, todo engominadito, con su camisa de marca y calzando unos zapatitos de cuero de ochenta para arriba. Y supones acertadamente que es de esa curiosa especie que los domingos por la mañana, cuando no anda de resaca, puedes ver paseándose en círculos por el barrio, impecable con su chándal de marca; y para salir a correr (a hacer running como diría él, no vale con correr) también necesita ropas especiales, o para ir al gimnasio. Cada actividad precisa de una estricta indumentaria con su respectiva marca, visible delante, detrás o de costado. Entonces le preguntas si le patrocina Nike, o Adidas, o Ralph Laurent (Rafael Lorenzo, nombre chic donde los haya), y él se te queda mirando con cara de bobo. Sí, te lo pregunto porque viendo la publicidad que les haces, bien podían regalarte la ropa, que con la pasta que te gastas en ella seguramente podrías pagarte una semanuca al año en las Rías Baixas. Anda hombre, dónde vas, te devuelve. La verdad es que la ropa va perdiendo color. Luego reparas en su móvil, otro pastón. Es de esos nenes caprichosos que sienten la necesidad de cambiarlo cada año. Ya sé que a ti no te interesa lo de la guerra del coltán, que está ocasionando miles de muertos en el Congo para que gente como tú pueda seguir enriqueciendo a los fabricantes de teléfonos, ¿pero no piensas que todo esto de la ropa, el móvil y demás tiene algo que ver con que no te vayas de vacaciones? La verdad, no veo en qué te afecta a ti la crisis, le sugieres. Hombre, te responde ofendido, pues en eso, pareces bobo… en que no puedo ir de vacaciones. No veas cuánto lo siento.

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