Etiquetas

, , , , , , , ,

No recuerdo quién dijo eso de que a un español se le reconoce muy bien porque no pierde una oportunidad para criticar España (y ahí se reconoce la españolidad de los catalanes, dirá alguno). Lo cierto es que la historia nos da buenos ejemplos de cómo los españoles hemos querido ser otros, desde los afrancesados del XVIII, pasando por aquellos que anhelaban  -y anhelan- sus gotitas de sangre germánica, aquel que solo veía sangre judía en los pilares de nuestra cultura o la americanización de la sociedad actual.

mi bebe y yoHace poco tuve la oportunidad de ojear varias revistas de esas que se ocupan de informar acerca de la crianza de nuestros queridos bebés: Mi bebé y yo, Ser padres y El mundo de tu bebé. En ellas escribe gente formada: pediatras, obstetras, matronas, etc., y sus artículos, de carácter eminentemente divulgativo, tratan de ofrecer una pequeña ayuda al gran público en este importante asunto. Aun a pesar de que en ocasiones, debido a que las opiniones de unos y otros difieren tanto como las de una familia masái con las de unos yupis de Wall Street en lo que toca al cuidado de sus nenes, acaben dejando las neuronas del papá y la mamá bser padresailando una sardana.

Pero voy a otra cosa. Cuando andaba por la segunda revista me di cuenta de  que algo no cuadraba. Era su selección fotográfica. Para cerciorarme fui pasando las páginas una a una y contando las fotos. En efecto. Resultó que en estas tres revistas y en la publicidad que incluían habían tenido el mismo selecto criterio a la hora de escoger a la mayor parte de sus protagonistas: nenes rubios y de ojos azules, o rubios, o de ojos azules. Y no eran las ediciones suecas en español.

Sin duda el hecho revela una toma de postura, aunque dudo que esta sea exclusivamente comercial. Tal vez pretendan justificarse pensando que así hacen la revista más atractiva a sus lectores ya que estos aspiran a tener por hijos a los retoños de la familia de los rubios de Playmobil, y no descarto que una buena parte de ellos sea así, viendo la estupidez contagiosa que se pasea por nuetu bebestra sociedad de tetas nuevas para el dieciocho cumpleaños o rubias de bote a la parrilla buscándose un cáncer de piel. Sin embargo, a mi modo de ver, esto es una falta de respeto a padres y pequeñines, incluso a aquellos padres que van por ahí buscando la belleza en el color de ojos o de piel mientras pierden el orgullo necesario para respetarse a sí mismos y para respetar a sus hijos. Tomar esta opción revela más que nada la absoluta incompetencia y el paupérrimo gusto de sus responsables, que han preferido someter su criterio de selección a un dudoso canon de belleza exclusivista en lugar de mostrarnos la belleza de la variopinta realidad de nuestros hijos; pero también, irónicamente, lo que nos prueban estos directores de arte es que poseen un rasgo español muy característico: la de despreciar lo propio, que hoy más que nunca es lo diverso.

Por cierto, una amiga que tiene mundo me dice que las equivalentes británicas de estas revistas curiosamente muestran un gusto mucho más plural. Y eso que por allí sí que abundan rubios de Playmobil. Tomen nota.

Anuncios